El pobre niño negro le preguntó a la millonaria paralítica: “¿Puedo curarte a cambio de esa comida que sobró?”. Ella sonrió, y entonces todo cambió..

El pobre niño negro le preguntó a la millonaria paralítica: “¿Puedo curarte a cambio de esa comida que sobró?”. Ella sonrió, y entonces todo cambió..

En un barrio costero de Cádiz, el pequeño Mateo, un niño de once años que había migrado con su familia desde Guinea Ecuatorial, esperaba cada tarde a que el restaurante comunitario cerrara para recoger las sobras que los voluntarios ofrecían a quienes más lo necesitaban. Aquella tarde, sin embargo, no lo recibió el voluntario de siempre, sino Doña Isabel, una mujer mayor, millonaria por herencia, que llevaba años viviendo en una silla de ruedas tras un accidente automovilístico que había marcado para siempre su destino.

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