Si puedes arreglar este motor, me casaré contigo”, le dijo la chica con desprecio al camarero y luego entró en pánico cuando lo arregló en menos de 10 minutos

Si puedes arreglar este motor, me casaré contigo”, le dijo la chica con desprecio al camarero y luego entró en pánico cuando lo arregló en menos de 10 minutos.

Lucía siempre había tenido una lengua afilada, especialmente cuando se sentía insegura. Aquella tarde de agosto, sentada en la terraza del pequeño bar “El Ancla”, discutía por enésima vez con su novio, Sergio, que insistía en comprar una moto vieja que llevaba meses abandonada junto a la marina. Para evitar seguir la discusión, Lucía lanzó un comentario sarcástico al camarero que acababa de acercarse a dejarles dos refrescos.

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