El niño lloraba y temblaba, diciendo: “Mamá, no abras esa caja…” —cuando la caja fue abierta, la madre asustada llamó inmediatamente a la policía…

El niño lloraba y temblaba, diciendo: “Mamá, no abras esa caja…” —cuando la caja fue abierta, la madre asustada llamó inmediatamente a la policía…

La tarde en que todo ocurrió, Lucía Fernández, una joven madre sevillana, regresó del trabajo algo más tarde de lo habitual. Su hijo de ocho años, Mateo, la esperaba sentado en el sofá, con el rostro pálido y los ojos hinchados por el llanto. En cuanto ella abrió la puerta, él corrió a su lado y se aferró a su cintura.

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