¡No comas eso! ¡Hay veneno en la comida! —advirtió el niño negro sin hogar, y la señora rica lo regañó en la cara… pero minutos después, ella misma se desplomó frente a la mesa del banquete.

¡No comas eso! ¡Hay veneno en la comida! —advirtió el niño negro sin hogar, y la señora rica lo regañó en la cara… pero minutos después, ella misma se desplomó frente a la mesa del banquete.

La tarde caía sobre Madrid mientras los invitados comenzaban a llenar el jardín de la mansión de Doña Beatriz Alarcón, una empresaria conocida tanto por su riqueza como por su trato frío hacia quienes consideraba “inferiores”. Entre el bullicio, un niño de unos doce años, delgado, con la ropa desgastada y la piel cubierta de polvo, se acercó corriendo a la entrada. Se llamaba Samuel, un chico sin hogar que había pasado semanas durmiendo cerca del mercado donde, casualmente, vio algo que le parecía importante.

Read More