El hijo rico empujó a su madre paralizada por un acantilado, pero se olvidó de su fiel perro y el final.

El hijo rico empujó a su madre paralizada por un acantilado, pero se olvidó de su fiel perro y el final.

Aquel mediodía de verano, Alberto Sáenz, heredero de una de las familias más adineradas de Málaga, conducía lentamente por una carretera costera y solitaria. En el asiento trasero estaba su madre, Doña Elena, paralizada desde hacía dos años tras un accidente cerebrovascular. A su lado, con la cabeza apoyada en sus piernas, iba Bruno, el perro que había acompañado a la familia durante más de una década.

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