El niño siguió pateando el asiento de la niña negra en el avión. La azafata le advirtió, pero su madre lanzó insultos racistas… y el final estuvo lleno de arrepentimiento.

El niño siguió pateando el asiento de la niña negra en el avión. La azafata le advirtió, pero su madre lanzó insultos racistas… y el final estuvo lleno de arrepentimiento.

El vuelo Madrid–Buenos Aires llevaba apenas veinte minutos en el aire cuando comenzó el incidente que marcaría a todos los pasajeros de la fila 17. Lucía Andrade, una niña española de nueve años, viajaba junto a su padre hacia Argentina para visitar a sus abuelos. Detrás de ella, un niño de unos ocho años, Íñigo Salvatierra, no dejaba de patear el respaldo de su asiento con una mezcla de aburrimiento y capricho. Cada golpe hacía que Lucía se sobresaltara.

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