Mi Esposa Me Llevó A Cenar Con Su Jefe Alemán. Sonreí Como Un Tonto, Fingiendo Que No Hablaba Alemán. Ella Le Dijo: “No Te Preocupes, Este Idiota Está Feliz Criando A Tu Hijo.” Yo Serví Tranquilamente Más Vino Y Hablé En Alemán Perfecto… Sus Rostros Se Volvieron Pálidos

PARTE 1

Me llamo Alejandro Ruiz, tengo cuarenta y dos años y durante mucho tiempo pensé que conocía bien a mi esposa, María. Estábamos casados desde hacía siete años y vivíamos en Madrid. Yo trabajaba como ingeniero independiente y ella como asistente ejecutiva en una empresa internacional dirigida por un alemán llamado Klaus Weber.

Una noche, María me dijo que su jefe quería invitarla a cenar y que sería “bueno para su carrera” que yo la acompañara. Acepté sin pensarlo demasiado. Lo que ella no sabía —o quizá sí— era que yo hablaba alemán con fluidez. Había estudiado y trabajado en Múnich durante casi diez años. Sin embargo, decidí no decir nada. No por desconfianza, sino porque quería observar.

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