Mi Mamá Me Rogó Que Volviera A Casa Para Las Fiestas. Después De Un Vuelo De Diez Horas, Abrió La Puerta. Sin Saludo. Sin Abrazo. Solo Dijo: “Vas A Cuidar A Nuestros Hijos. Nos Vamos De Viaje Familiar.” Mi Hermano Se Rió. “No Te Limpies Los Mocoss En Ella, Niños.” Todos Se Rieron. Yo Solo Sonreí Y Dije Una Sola Cosa… Y Ahí Fue Cuando Todo Se Volvió Loco. Mamá Seguía Susurrando: “No… No… No Puede Ser.”

PARTE 1

Me llamo Clara Ibáñez, tengo treinta y cuatro años y llevaba casi dos años sin volver a casa. Mi madre, Rosa, me llamó durante semanas rogándome que regresara para las fiestas. Decía que me extrañaba, que la familia no estaba completa sin mí. Al final acepté. Un vuelo de diez horas, agotador, solo por verla.

Cuando llegué, arrastrando la maleta y el cansancio, mi madre abrió la puerta. No hubo abrazo. No hubo “felices fiestas”. Solo una frase seca:
—“Vas a quedarte con los niños. Nos vamos de viaje familiar.”

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