En La Tienda, Pagué Las Compras De Una Mujer Anciana. Ella Se Inclinó Hacia Mí Y Susurró: “Cuando Tu Hijo Salga, No Toques La Nieve Del Jardín”. Me Reí, Pero Recordé Sus Palabras. A La Mañana Siguiente, Al Salir Al Porche, Lo Que Vi Casi Me Hizo Desmayarme.

PARTE 1

La advertencia llegó en el lugar más inesperado.

Fue en el supermercado del barrio, una tarde fría de invierno. Me llamo Javier Molina, tengo cuarenta y dos años, y aquel día pagué las compras de una mujer anciana que no alcanzaba a cubrir el total en la caja. Nada heroico. Solo un gesto automático.

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