En Navidad, Estaba Trabajando Un Turno Doble En La Sala De Emergencias. Mis Padres Y Mi Hermana Le Dijeron A Mi Hija De 16 Años Que “No Había Lugar Para Ella En La Mesa”. Tuvo Que Conducir Sola A Casa Y Pasar La Navidad En Una Casa Vacía. No Hice Una Escena. Tomé Medidas. A La Mañana Siguiente, Mis Padres Encontraron Una Carta En Su Puerta Y Comenzaron A Gritar…

Me llamo Laura Martínez, tengo treinta y ocho años y trabajo como médica de urgencias en un hospital público de Valencia. Aquella Navidad, me asignaron un doble turno inesperado. No era la primera vez que sacrificaba una fecha importante, pero sí fue la primera vez que esa decisión cambiaría por completo mi relación con mi familia.

Mi hija Clara, de dieciséis años, había pasado semanas esperando la cena navideña en casa de mis padres, Antonio y Carmen. Era una tradición familiar: mesa grande, risas, fotos, regalos. Yo no podía estar presente esa noche, pero había pedido explícitamente que Clara se quedara con ellos. Mi madre me respondió con un mensaje frío: “No te preocupes, ya veremos.”

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