Mi Teléfono Vibró A Las 7:12 A.M. Mi Padre Dijo Fríamente: “El Abuelo Murió Anoche. El Funeral Es El Viernes. Nos Dejó Todo. Tú No Recibes Nada”. Escuché A Mi Madre Riendo De Fondo. “Por Fin Estás Fuera”. No Discutí, Solo Puse La Llamada En Altavoz, Porque El Abuelo Estaba Sentado Justo A Mi Lado En La Mesa De La Cocina, Vivo, Sosteniendo Un Sobre Sellado De Su Abogado Y Escuchando En Silencio, Luego Se Inclinó Hacia El Teléfono Y En El Momento En Que Dijo Una Palabra, Todo Cambió.

PARTE 1 (≈ 380–420 PALABRAS)

Mi nombre es Lucía Herrera, tengo veintiséis años y durante mucho tiempo fui considerada la oveja negra de mi familia. Mi abuelo, Antonio Herrera, era un empresario muy conocido en Valencia, dueño de varias propiedades y empresas de logística. Todos sabían que tenía dinero, pero nadie imaginaba cuán poderoso era realmente… ni lo que estaba planeando.

La mañana que todo cambió, mi teléfono vibró a las 7:12 a. m.. Era mi padre, Javier Herrera. Contesté medio dormida, sin sospechar nada. Su voz fue fría, casi mecánica.
—El abuelo murió anoche —dijo—. El funeral será el viernes. Dejó todo a la familia. Tú no recibes nada.

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