Llegué a casa al mediodía. La puerta del baño estaba entreabierta… y oí una risa familiar. Al acercarme, vi a mi prometido sentado en la bañera con mi hermana. No grité. Simplemente cerré la puerta con llave, saqué el teléfono y llamé a su marido: «Ven ahora mismo. Hay algo… que tienes que ver». Diez minutos después, entró, y en cuanto los vio, gritó…

Llegué a casa al mediodía. La puerta del baño estaba entreabierta… y oí una risa familiar. Al acercarme, vi a mi prometido sentado en la bañera con mi hermana. No grité. Simplemente cerré la puerta con llave, saqué el teléfono y llamé a su marido: «Ven ahora mismo. Hay algo… que tienes que ver». Diez minutos después, entró, y en cuanto los vio, gritó…

Llegué a casa al mediodía antes de lo previsto. Había terminado una reunión temprano y pensé en sorprender a mi prometido, Javier, con su comida favorita. Entré en silencio, dejando las llaves sobre la mesa, y noté algo raro: en el pasillo había dos vasos de cristal, como si alguien hubiera estado bebiendo con prisas. No le di importancia… hasta que vi la puerta del baño entreabierta.

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