Me quedé en la cama del hospital, haciéndoles creer que dormía. Mi esposo se inclinó y susurró: «Cuando por fin salga de escena… todo será nuestro». La mujer que lo acompañaba sonrió. «No puedo esperar más, mi amor». No tenían ni idea de que había escuchado cada palabra. Y menos aún de que… tras esa puerta, alguien había grabado toda la conversación. Lo que les aguardaba no era «libertad», sino una verdad que los destruiría a ambos por completo.

Me quedé en la cama del hospital, haciéndoles creer que dormía. Mi esposo se inclinó y susurró: «Cuando por fin salga de escena… todo será nuestro». La mujer que lo acompañaba sonrió. «No puedo esperar más, mi amor». No tenían ni idea de que había escuchado cada palabra. Y menos aún de que… tras esa puerta, alguien había grabado toda la conversación. Lo que les aguardaba no era «libertad», sino una verdad que los destruiría a ambos por completo.

Me quedé inmóvil en la cama del hospital, con los párpados apenas entrecerrados, fingiendo que dormía profundamente. El sonido del suero goteando era lo único constante en aquella habitación blanca y fría, pero mi mente no dejaba de arder. Había pasado una semana desde el accidente: “una caída por las escaleras”, según mi esposo. Javier Morales, siempre tan atento frente a los médicos, siempre tan preocupado frente a mi madre, siempre tan perfecto frente a todos.

Read More