Mis Padres Vendieron El Piano Antiguo De Mi Abuela, El Que Ella Había Dejado Solo Para Mí, Y Usaron Los 95.000 Dólares Para Comprar Un Coche A Mi Hermana, Cuando Se Lo Conté A Mi Abuela Desde Su Cama En El Hospicio, Ella Tomó Su Teléfono Con Calma, Hizo Una Sola Llamada Y Dijo “Es Hora De Que Conozcan A Mi Abogado”.

Mi Nombre Es Lucía Fernández, Tengo Treinta Y Dos Años Y Desde Siempre Fui La Nieta Más Cercana A Mi Abuela Mercedes. Cuando Mis Padres Se Divorciaron, Yo Pasé Más Tiempo En Su Casa Que En La Mía. Fue Ella Quien Me Escuchó, Quien Me Enseñó A Tocar El Piano Antiguo Que Había En El Salón, Una Pieza Familiar Con Más De Ochenta Años. Para Muchos Era Solo Un Mueble Viejo; Para Nosotras Era Historia.

Antes De Que Su Salud Empeorara, Mi Abuela Hizo Su Testamento. Todo Fue Claro, Legal Y Registrado. El Piano Quedaba Para Mí. No Porque Fuera El Objeto Más Valioso, Sino Porque Era El Único Vínculo Real Que Conservábamos. Ella Me Lo Dijo En Persona: “Ese Piano Es Tuyo, Porque Sabes Lo Que Significa”.

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