“Si puedes arreglar este auto, es tuyo”, se burló el multimillonario a un hombre negro sin hogar que no podía apartar la vista de su superdeportivo averiado, pero lo que sucedió después dejó al multimillonario completamente sin palabras.

“Si puedes arreglar este auto, es tuyo”, se burló el multimillonario a un hombre negro sin hogar que no podía apartar la vista de su superdeportivo averiado, pero lo que sucedió después dejó al multimillonario completamente sin palabras.

En una tarde calurosa de agosto, en las afueras de Valencia, un superdeportivo rojo detenido a un lado de la carretera llamaba la atención de todos. Era un Ferrari 812 Superfast propiedad de Leandro Salvatierra, un multimillonario conocido tanto por sus inversiones como por su arrogancia pública. A unos metros, observando el vehículo con una mezcla de fascinación y respeto, se encontraba Samuel Álvarez, un hombre negro sin hogar de unos treinta y cinco años que llevaba meses viviendo entre refugios y estaciones de autobús.

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