El pobre niño negro le preguntó a la millonaria paralítica: “¿Puedo curarte a cambio de esa comida que sobró?”. Ella sonrió, y entonces todo cambió..

El pobre niño negro le preguntó a la millonaria paralítica: “¿Puedo curarte a cambio de esa comida que sobró?”. Ella sonrió, y entonces todo cambió..

En una tarde calurosa de julio, en un barrio acomodado de Valencia, Mateo, un niño de once años, caminaba con pasos inseguros empujando su carrito lleno de folletos que repartía para ayudar a su madre. La suerte nunca parecía estar de su lado: su familia había llegado desde Guinea hacía dos años, y todavía luchaban por encontrar estabilidad. Ese día no había comido bien y el olor a comida recién hecha que salía de una de las mansiones del vecindario le dio un vuelco en el estómago.

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