El niño insistió en que su padre cavara la tumba de su madre, y en el momento en que se abrió la tapa del ataúd, todos quedaron sin aliento..

El niño insistió en que su padre cavara la tumba de su madre, y en el momento en que se abrió la tapa del ataúd, todos quedaron sin aliento..

El silencio que envolvía el cementerio de San Esteban contrastaba con la determinación que ardía en los ojos de Alejandro, un niño de apenas once años. Desde la muerte repentina de su madre, Clara, tres semanas antes, el pequeño no había pronunciado más de dos frases seguidas. Sin embargo, aquella mañana, sin previo aviso, había tomado la mano de su padre y, con una firmeza impropia de su edad, le había dicho:
Papá, tenemos que abrir la tumba de mamá. Ahora.

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