Dos chicos sin hogar se acercan a la mesa del millonario: «¿Nos da sus sobras, señora?». El millonario levantó la vista y se quedó atónito.

Dos chicos sin hogar se acercan a la mesa del millonario: «¿Nos da sus sobras, señora?». El millonario levantó la vista y se quedó atónito.

En una terraza elegante del Paseo de la Castellana, en Madrid, el empresario Héctor Salazar, conocido por sus restaurantes y su carácter reservado, disfrutaba de un almuerzo tardío. El sol caía sobre las mesas mientras los camareros se movían con profesionalidad. Frente a él, reposaba un plato de merluza prácticamente intacto; había pasado toda la mañana en reuniones y apenas tenía apetito.

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