Una niña sin hogar fue denunciada a la policía por el gerente de una tienda por robar una caja de leche para sus dos hermanos menores, que lloraban débilmente de hambre; de ​​repente, un millonario que presenció la escena dio un paso adelante.

Una niña sin hogar fue denunciada a la policía por el gerente de una tienda por robar una caja de leche para sus dos hermanos menores, que lloraban débilmente de hambre; de ​​repente, un millonario que presenció la escena dio un paso adelante.

La tarde caía fría sobre las calles de Valencia cuando Lucía, una niña de apenas doce años, entró temblando en el pequeño supermercado de la esquina. Llevaba días durmiendo con sus dos hermanos menores, Mateo y Inés, bajo un viejo puente de hormigón. Esa mañana los pequeños despertaron llorando, con los labios resecos y el estómago vacío; hacía casi veinticuatro horas que no probaban un bocado. Lucía había intentado pedir comida en varios comercios, pero solo recibió miradas desconfiadas o gestos que la invitaban a marcharse.

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