“¡1000 euros! ¡Arrodíllate y límpiame los zapatos ahora mismo!”, le gritó el millonario a la pobre camarera, pero su respuesta lo dejó atónito…

“¡1000 euros! ¡Arrodíllate y límpiame los zapatos ahora mismo!”, le gritó el millonario a la pobre camarera, pero su respuesta lo dejó atónito…

En una tarde calurosa de agosto, Lucía Moreno, una joven camarera de veintiséis años, atendía mesas en la terraza del café “El Mirador”, un pequeño local familiar en las afueras de Málaga. Trabajaba allí desde hacía tres años, combinando jornadas interminables con cursos nocturnos de administración. Siempre mantenía una sonrisa amable, incluso con clientes difíciles, pero aquel día pondría a prueba toda su paciencia.

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