“Esta noche a las 9… Ven a mi oficina para obtener puntos extra…” — dijo la profesora, madre soltera, después de reprobar mi examen…

“Esta noche a las 9… Ven a mi oficina para obtener puntos extra…” — dijo la profesora, madre soltera, después de reprobar mi examen…

Alejandro salió del aula con el examen en la mano, la nota roja destacaba como una herida: un 4,2. Era la tercera vez que suspendía con la profesora Martínez. Ella, Carmen Martínez, tenía treinta y ocho años, era madre soltera de una niña de siete, y llevaba separada dos años del padre de la pequeña. En la facultad todos sabían que trabajaba hasta tarde para pagar la hipoteca y la guardería; también sabían que era estricta, casi dura, pero justa.

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