Mi hija de 8 años se desmayó en la escuela y la llevaron de urgencias. Me temblaban las manos mientras conducía, rezando para que se recuperara. Al llegar a recepción, la enfermera levantó la vista y dijo en voz baja: «Su familia acaba de llegar a su habitación

Mi hija de 8 años se desmayó en la escuela y la llevaron de urgencias. Me temblaban las manos mientras conducía, rezando para que se recuperara. Al llegar a recepción, la enfermera levantó la vista y dijo en voz baja: «Su familia acaba de llegar a su habitación

Cuando el teléfono sonó aquella tarde de martes, Elena jamás imaginó que su vida daría un vuelco en cuestión de segundos. La voz temblorosa de la maestra le anunció que su hija de ocho años, Lucía, se había desmayado en el patio de la escuela. No hubo preámbulos, no hubo calma, solo la urgencia cruda que paraliza el pecho y acelera el alma. Elena dejó todo atrás y salió a toda prisa, casi sin recordar cómo llegó al coche ni cómo arrancó. Mientras conducía, sus manos temblaban sin control sobre el volante. Cada semáforo parecía eterno, cada curva un obstáculo entre ella y la certeza de que su hija seguía respirando. Rezaba en silencio, casi en susurros, palabras atropelladas que apenas reconocía como propias.

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