Mi suegro, un multimillonario y director ejecutivo, me despidió en una sala de reuniones de lujo. Inmediatamente, 22 colegas se fueron conmigo…

Mi suegro, un multimillonario y director ejecutivo, me despidió en una sala de reuniones de lujo. Inmediatamente, 22 colegas se fueron conmigo…

La mañana en que todo ocurrió, llegué a la sede de Grupo Ríos con la sensación habitual de rutina. Había trabajado allí casi seis años, y aunque el ritmo era exigente, me enorgullecía del puesto que ocupaba en el departamento de expansión internacional. Nunca imaginé que ese día, un martes aparentemente común, se convertiría en un punto de quiebre en mi vida. A las 10:15 recibí un mensaje inesperado: “El señor Ríos quiere verte en la sala Aurora. Urgente.” Era mi suegro, Leandro Ríos, el director ejecutivo, un hombre calculador, imponente y acostumbrado a que todos obedecieran sin cuestionar.

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