Mi familia les contó a todos que había desertado de la Academia Naval. Me quedé allí viendo a mi hermano recibir su ascenso… Entonces, su comandante me miró fijamente a los ojos y preguntó: «Coronel… ¿usted también está aquí?». Todos guardaron silencio. Mi padre se quedó paralizado, y su sonrisa desapareció.

Mi familia les contó a todos que había desertado de la Academia Naval. Me quedé allí viendo a mi hermano recibir su ascenso… Entonces, su comandante me miró fijamente a los ojos y preguntó: «Coronel… ¿usted también está aquí?». Todos guardaron silencio. Mi padre se quedó paralizado, y su sonrisa desapareció.

La tarde en que regresé a Cádiz para asistir al ascenso de mi hermano menor, Mateo, el ambiente familiar se sentía extraño, cargado de sonrisas tensas. Desde hacía meses, mis padres habían contado a todos que yo había “desertado” de la Academia Naval. No era cierto, pero preferí guardar silencio para evitar enfrentamientos; me había tomado una licencia temporal tras un accidente en entrenamiento, algo que ellos nunca aceptaron como válido. Al caminar hacia el salón principal del cuartel, sentía cómo las miradas se clavaban en mí: antiguos compañeros, instructores y vecinos que habían escuchado la versión más conveniente para mi familia.

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