Tengo 25 años y me casé justo después de graduarme de la universidad. Nos conocimos en la universidad; nuestro amor era puro y sencillo. Mi esposo, Julián, es amable y trabajador, pero su madre, doña Marcela, es famosa en el vecindario por ser estricta y cruel.

Tengo 25 años y me casé justo después de graduarme de la universidad. Nos conocimos en la universidad; nuestro amor era puro y sencillo. Mi esposo, Julián, es amable y trabajador, pero su madre, doña Marcela, es famosa en el vecindario por ser estricta y cruel.

Tenía veinticinco años cuando me casé con Julián, apenas unos meses después de graduarnos de la universidad. Nos habíamos conocido en una clase de literatura contemporánea y, desde entonces, nuestro amor creció de forma tan natural que parecía inevitable. Julián era paciente, responsable y siempre dispuesto a escuchar. Yo, recién estrenando mi título, veía en él la estabilidad que toda mi vida había deseado. Sin embargo, había un obstáculo que nunca quise reconocer del todo: su madre, doña Marcela.

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