Un multimillonario regresó a casa y encontró a su madre trabajando como empleada doméstica. Las puertas del ascensor se abrieron y Adrian se quedó paralizado. Su madre, su madrina, estaba de rodillas, fregando el suelo como una criada, mientras su prometida gritaba órdenes desde la sala. La mujer que lo crio temblaba, silenciosa, cubierta de moretones

Un multimillonario regresó a casa y encontró a su madre trabajando como empleada doméstica. Las puertas del ascensor se abrieron y Adrian se quedó paralizado. Su madre, su madrina, estaba de rodillas, fregando el suelo como una criada, mientras su prometida gritaba órdenes desde la sala. La mujer que lo crio temblaba, silenciosa, cubierta de moretones.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Adrián Salvatierra sintió que el corazón se le detenía. Había regresado de Nueva York, convertido en un empresario multimillonario después de cerrar la mayor inversión de su carrera. Quería sorprender a su madre con la noticia, con flores, abrazos y la tranquilidad de que nunca más tendría que trabajar.

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