“Ustedes necesitan un techo, y yo necesito una madre para mis hijas. Vengan conmigo”, le dijo el casero a la niña sin hogar sentada al costado del camino

“Ustedes necesitan un techo, y yo necesito una madre para mis hijas. Vengan conmigo”, le dijo el casero a la niña sin hogar sentada al costado del camino.

La tarde caía sobre las afueras de Valencia cuando Lucía, una niña de doce años, estaba sentada junto al camino, aferrando una mochila desgastada. A su lado, su madre Carolina trataba de aparentar serenidad, aunque el cansancio en sus ojos lo decía todo. Habían sido desalojadas dos días antes, sin familia cercana a la que acudir, sobreviviendo con lo poco que tenían.

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