Mi hija de 10 años miró al recién nacido y dijo suavemente: —Mamá… no podemos llevar a este bebé a casa. Confundida, le pregunté por qué. Sus manos temblaban mientras me entregaba su teléfono. —Tenés que ver esto —dijo. El segundo en que miré la pantalla, sentí que las piernas me fallaban…

Mi hija de 10 años miró al recién nacido y dijo suavemente: —Mamá… no podemos llevar a este bebé a casa. Confundida, le pregunté por qué. Sus manos temblaban mientras me entregaba su teléfono. —Tenés que ver esto —dijo. El segundo en que miré la pantalla, sentí que las piernas me fallaban…

Cuando salimos del hospital, pensé que la vida por fin empezaba a calmarse. Después de un embarazo complicado y un parto adelantado por presión alta, el simple hecho de ver a mi hijo dormir parecía un milagro cotidiano. Pero la expresión de mi hija mayor, Lucía, me inquietó desde el primer momento. Apenas tenía diez años, pero su madurez siempre había sido sorprendente. Aun así, no esperaba que se acercara a la cuna del hospital con tanta seriedad.

Read More