Si puedes arreglar este auto, es tuyo”, le estornudó el multimillonario a un hombre negro sin hogar que no podía apartar la vista de su superdeportivo averiado, pero lo que sucedió después dejó al multimillonario completamente sin palabras…

Si puedes arreglar este auto, es tuyo”, le estornudó el multimillonario a un hombre negro sin hogar que no podía apartar la vista de su superdeportivo averiado, pero lo que sucedió después dejó al multimillonario completamente sin palabras…

Bajo el sol abrasador de Valencia, el rugido apagado de un superdeportivo averiado llamaba la atención de todo el paseo marítimo. El dueño, Eduardo Salvatierra, un multimillonario conocido tanto por su ingenio empresarial como por su carácter explosivo, caminaba alrededor del vehículo, frustrado. A pocos metros, sentado junto a una farola, Mateo Ibáñez, un hombre negro sin hogar que había llegado a España años atrás buscando una vida mejor, observaba el coche con una mezcla de nostalgia y fascinación.

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