Una semana antes de mi boda, sin querer escuché a mis padres planeando humillarme delante de 200 invitados. Mi hermana se burló: «Le romperé el vestido de novia en pleno discurso». Sonreí… e hice una llamada. El gran día, la humillada no fui yo, sino ellos. EL KARMA HABÍA LLEGADO.

Una semana antes de mi boda, sin querer escuché a mis padres planeando humillarme delante de 200 invitados. Mi hermana se burló: «Le romperé el vestido de novia en pleno discurso». Sonreí… e hice una llamada. El gran día, la humillada no fui yo, sino ellos. EL KARMA HABÍA LLEGADO.

Una semana antes de mi boda, mi vida cambió para siempre.

Read More