Mi hermana me empujó fuera del yate y gritó: “¡Saluda a los tiburones de mi parte!”. ¿Y mis padres? Se quedaron allí, sonriendo. Su plan era robarme mi fortuna de 5.600 millones de dólares. Pero cuando regresaron a casa… ya los estaba esperando. “Tengo un regalo para ti también”

Mi hermana me empujó fuera del yate y gritó: “¡Saluda a los tiburones de mi parte!”. ¿Y mis padres? Se quedaron allí, sonriendo. Su plan era robarme mi fortuna de 5.600 millones de dólares. Pero cuando regresaron a casa… ya los estaba esperando. “Tengo un regalo para ti también”.

Cuando mi hermana Laura me empujó fuera del yate y gritó: “¡Saluda a los tiburones de mi parte!”, entendí que mi familia ya no era mi familia. Caí al agua con el corazón desbocado, el sabor salado llenándome la boca y el eco de las risas aún flotando sobre mí. Mis padres, Javier y Carmen, no hicieron nada. Se quedaron allí, sonriendo, como si acabaran de ver un espectáculo. El plan era simple y cruel: hacerme desaparecer y quedarse con mi fortuna de 5.600 millones de dólares, heredada tras años de trabajo construyendo una empresa tecnológica desde cero.

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