Mi hermana me pidió prestados 50.000 dólares, me negué, y ella tiró mi portátil a la piscina, riendo: “¡Uy, se me resbaló de la mano!”. ¿Y mis padres? “Fue solo un accidente”. No tenían ni idea de que ese portátil era toda mi carrera. No lloré, no discutí. Esa noche, lo guardé todo bajo llave. A la mañana siguiente, se despertó y no quedaba nada. Y eso fue solo el principio..

Mi hermana me pidió prestados 50.000 dólares, me negué, y ella tiró mi portátil a la piscina, riendo: “¡Uy, se me resbaló de la mano!”. ¿Y mis padres? “Fue solo un accidente”. No tenían ni idea de que ese portátil era toda mi carrera. No lloré, no discutí. Esa noche, lo guardé todo bajo llave. A la mañana siguiente, se despertó y no quedaba nada. Y eso fue solo el principio..

Me llamo Álvaro Medina, tengo 27 años y durante tres años mi vida giró alrededor de un solo objeto: mi portátil. No era un capricho ni un lujo. Era mi herramienta de trabajo, mi universidad, mi portafolio, mis proyectos y mi futuro. Soy diseñador freelance y también estaba preparando un máster. Todo lo importante estaba ahí: contratos, facturas, archivos de clientes, diseños finales, correos, incluso mis claves y copias a medio hacer.

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