Mi mejor amiga pensó que podía coquetear y robarme a mi marido; no sabía lo obsesivo y peligroso que es. En cuanto se puso la bata y lo abrazó por detrás, él perdió la cabeza. Literalmente. Sin dudarlo un segundo, le rompió el brazo. La miró temblorosamente y gruñó: “¿Tienes idea de cuánto me costó conquistar el corazón de Emma? Acércate una vez más, y no terminará solo con un brazo roto”

Mi mejor amiga pensó que podía coquetear y robarme a mi marido; no sabía lo obsesivo y peligroso que es. En cuanto se puso la bata y lo abrazó por detrás, él perdió la cabeza. Literalmente. Sin dudarlo un segundo, le rompió el brazo. La miró temblorosamente y gruñó: “¿Tienes idea de cuánto me costó conquistar el corazón de Emma? Acércate una vez más, y no terminará solo con un brazo roto”.

Nunca pensé que escribiría algo así, pero la traición suele llegar vestida de confianza. Me llamo Emma, tengo treinta y seis años y llevaba doce casada con Javier, un hombre meticuloso, reservado, con una manera intensa de amar que siempre confundí con entrega. Mi mejor amiga, Lucía, formaba parte de nuestra vida cotidiana: comidas de domingo, confidencias nocturnas y vacaciones improvisadas. Yo creía conocerla como a una hermana. Me equivoqué.

Read More