Un médico estaba examinando a mi hija enferma de 8 años cuando ella susurró algo que lo dejó paralizado. Inmediatamente llamó a seguridad y dijo: «No dejen que su madre se vaya».

Un médico estaba examinando a mi hija enferma de 8 años cuando ella susurró algo que lo dejó paralizado. Inmediatamente llamó a seguridad y dijo: «No dejen que su madre se vaya».

El doctor Javier Morales estaba terminando el examen cuando mi hija Lucía, de ocho años, me apretó la mano. Llevábamos horas en urgencias por una fiebre persistente y unos moretones que no sabíamos explicar. Yo, Ana Ríos, estaba agotada y asustada, pero trataba de sonreír para tranquilizarla.

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